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Renovación y Transformación

LECCIÓN N° 03 – SÁBADO 17 DE ABRIL DE 2021

Salmos 19: 7

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; 

El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” La Ley de Dios es el camino a la santidad, el camino a la santificación. Algunos comentadores han llamado a los libros del Pentateuco “el código de santidad” debido a su interés especial en la ley como medio de santificación. De hecho, las Escrituras nos dejan en claro desde el principio hasta el fin, que la salvación, la justificación, es por la gracia de Dios y por fe, y que la santificación es por la Ley. Notemos que los cuatro primeros Mandamientos están relacionados con nuestra relación con Dios, que es celoso y que requiere que le amemos con todo el corazón.

Nuestra santificación está fuertemente sostenida y relacionada con la obediencia a la Santa Ley de Dios. Vale decir, si no observamos sus mandamientos, el proceso de la santificación se detiene.

Dios es deshonrado cuando nosotros infringimos su “Ley Santa y Buena.” No puede haber compatibilidad entre alguien que dice que ama a Dios pero que no es un observador y hacedor de los Mandamientos de Dios.

1.- ¿Qué nos pide Dios en el primer mandamiento? Éxodo 20: 3 

Hoy vivimos en una sociedad muy religiosa, pero que, sin embargo, no conoce a Dios cabalmente. Solamente tenemos que echar una ojeada a los diarios o sentarnos unos minutos a ver las noticias para darnos cuenta que el hombre hoy, al igual que el de ayer, vive en plena y abierta desobediencia a la voluntad de Dios. Vive para satisfacer sus egoístas necesidades. Diariamente es gobernado y dirigido hacia caminos que lo alejan más y más de todo lo que se llama Dios. 

Esta realidad del ser humano no es ajena dentro del pueblo de Dios. Como hijos de Dios, estamos en mayor peligro de caer en desobediencia en este explícito primer mandamiento. Si pudiéramos elegir cuál de los diez mandamientos es el más grande en importancia, sería éste, pues ¿no es verdad que, si cumplimos perfectamente el primer mandamiento, será un hecho que guardaremos los otros nueve?

NOTA

Nuestra santificación obedeciendo este primer mandamiento, es la clave para poder observar correctamente los otros nueve, porque si en nuestra vida no existe nada que se interponga entre la santificación que Dios se merece de nosotros, automáticamente estaremos cumpliendo toda su Santa Ley.  Por otra parte, es peligroso depender de algo que no sea Dios, ya sean, amigos, posesiones, riqueza, fama. Éste último tal vez, podemos pensar que está muy lejos de ser un dios para nosotros, pero puede estar relacionado con la iglesia. Es decir, no recibimos aplausos y gritos de las masas, pero nuestro desempeño dentro del ministerio de Cristo puede llevarnos a transitar por el peligroso terreno de complacernos por los méritos de nuestros éxitos espirituales. Un “dios” puede estar más cerca de nosotros de lo que creemos.

2.- ¿Qué prohíbe el segundo mandamiento? Éxodo 20: 4, 5

Este segundo mandamiento, nos expresa dos verdades importantes. Primero la correcta forma de rendir la adoración a Dios y segundo la naturaleza espiritual de Dios. 

Consideremos ahora algunas enseñanzas al respecto: 

Los ídolos no sólo son aquellas esculturas e imágenes de yeso, madera o metal; sino todo lo que este restando nuestro tiempo y fuerzas y quite nuestra atención de Dios.

Lo que se condena en este mandamiento es la reverencia, adoración, veneración que miles de personas en el mundo rinden a las imágenes y pinturas religiosas.

Nosotros debemos rendir verdadero culto y adoración dirigiendo nuestros pensamientos y elevando nuestro corazón únicamente a Alguien que es mucho mayor, Dios, nuestro Señor y Salvador.

Cualquier cosa que este ocupando el lugar que a Dios le pertenece; llámese: el hogar, los hijos, nietos, padres, el dinero, la televisión etc., debe ser puesto a un lado, para que Dios tome el lugar que corresponde. Sólo así, todo lo demás, podrá quedar sujeto a su voluntad.

NOTA

Desde la antigüedad hasta hoy en día, la idolatría ha tenido algunos cambios propios del tiempo, sin embargo, las estrellas o los signos del zodiaco y el sol siguen siendo dioses venerados. La adoración del día domingo como día de reposo, por ejemplo, es la forma sutil que Satanás tiene para que muchos cristianos adoraren al Dios sol (Sunday= Día del sol). Así de esta forma ha logrado engañar a multitudes y ha desviado la atención de los mandamientos de Dios específicamente del cuarto mandamiento.

3.- ¿De qué trata el tercer mandamiento? Éxodo 20: 7

Si meditamos muy profundamente en este mandamiento de Dios para nosotros, nos daremos cuenta que está relacionado con todos los demás mandamientos. La forma correcta de adorar a Dios y de nuestro crecimiento en santificación está incluida en esta ordenanza. 

El nombre de Dios es sagrado y santo al igual que Él mismo lo es, por tanto, el uso que le demos en nuestras conversaciones diarias, indicará que tipo de hijos somos. Por ejemplo, dentro de la iglesia todos hablamos de Dios con reverencia y solemnidad y esto así debe ser, pero ¿qué sucede cuando estamos afuera? ¿Seguimos reverenciando su Santo y precioso Nombre? El uso negligente del nombre de Dios indica una falta de reverencia y respeto hacia quien nos ha salvado del pecado. 

¿Qué cree usted que siente Dios cuando lo deshonramos?

NOTA

El Señor nos aclara, que no dará por inocente al que tome su nombre en vano. Porque si lo hacemos, entonces no estamos creyendo en Él, no estamos creyendo en su santidad, no creemos en el poder que él tiene, y si es así, nunca vamos a recibir de sus bendiciones y vamos a ser personas, completamente derrotadas. Cuidemos entonces nuestras vidas de caer en las trampas de aquel que siempre ha querido. Preocupémonos de no deshonrar el nombre de Dios en conversaciones triviales, en chistes, en cosas de doble sentido. ¡No! ¡Somos su pueblo Santo! Seamos hacedores de su Palabra y “santifiquemos su Santo y Sublime Nombre” y así nos santificaremos nosotros también.

Consideremos lo siguiente:

Cuando relacionamos este mandamiento con la oración modelo de Jesús, desde el momento que decimos: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”, ya nos enseña de la reverencia y cuidado que debemos tener al pronunciar su santo nombre. Esta exhortación (la oración modelo) añade una dimensión positiva a la forma negativa que asume este mandamiento.

4.- ¿Qué nos recuerda el Señor en el cuarto mandamiento? Éxodo 20: 8

El Sábado es una bendición maravillosa que el Señor dejó, primeramente para honrar su nombre, y en segundo lugar, para nuestro beneficio, tanto físico como espiritual. La observancia a este día, nos ayuda a comprender de mejor forma cuál es el plan de Dios para nuestras vidas. Tenemos un día de reposo, que se distingue de los otros días de la semana. ¿Se ha preguntado Ud. cómo sería nuestra vida si Dios no hubiera apartado el Sábado para que nosotros, sus hijos, pudiéramos descansar de nuestros ajetreos cotidianos?

Cuando leemos los tres primeros mandamientos de Dios en Éxodo 20, nos damos cuenta que el Señor comienza con un rotundo “No”, pero en el caso del cuarto mandamiento, el Sábado, nos dice amorosamente: “Acuérdate”. Cuando nos relacionamos y entablamos una conversación, Él nos dice: “Acuérdate”, es mi día Santo, cuidado con lo que hablas. Cuidado con el lugar que pisas.

NOTA

Cuando Dios creo al hombre le dijo en cierta forma: “Adán este  hermoso jardín estará a tu cuidado. Debes velar por él, pero para cumplir con esto, necesitarás de tiempo para administrarlo, por tanto, te daré seis días para que lo trabajes y hagas todo lo necesario que tú consideres que se deba hacer, pero habrá un día en el cual cesarás de tu trabajo y ese día será un día de delicia y gozo. El séptimo día, sábado, tú buscarás mi compañía y yo la desearé con todo mi corazón.

CONCLUSIÓN

La santificación y la obediencia a la Ley santa de Dios están estrechamente relacionadas. Nadie que diga que ama a Dios y que ha aceptado a Jesucristo como su Salvador debe atreverse a decir que los mandamientos del Señor ya no están vigentes, porque reflejan el carácter santo y perfecto de Dios. Y la única manera de vivir en santidad como hijos de Dios, es a través de la obediencia a sus estatutos eternos. Por otra parte, La Ley de Dios solamente dejaría de existir si Dios dejara de existir también, pero esta declaración es inconsistente porque Dios es eterno Además, la ley de Dios logra cuatro cosas: 1) Nos muestra el carácter perfecto de Dios y nuestra incapacidad de satisfacer su justicia, 2) Nos lleva hacia los brazos amorosos de Cristo que nos perdona. 3) Nos “protege” del pecado, pues es como una cerca de protección para no pecar contra Él. 4) Nos Instruye para que diariamente crezcamos en el proceso de la santificación.