2° Trimestre 2020

Lecciones Disponibles

LECCIÓN N° 06

SÁBADO 09 DE MAYO DE 2020

 

PELIGROS INTERNOS QUE NOS ACECHAN

(Parte 2)

     

TEXTO DE INTRODUCCIÓN

  

Hebreos 12: 14

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”

 

     Es sin duda imprescindible que busquemos la santidad y la paz en estos tiempos de mundanalidad, pleitos y guerras.

     Pero cuando hablamos de santidad, también hablamos de la palabra santo; un término mal empleado en nuestra sociedad. La palabra santo tanto en el hebreo como en el griego significan “apartado o puesto aparte”, y en este sentido ser santo significa: “alguien que se ha apartado del pecado y ha consagrado su vida a Dios”. La santidad es sumamente importante porque sin ella nadie vera a Dios, pero veamos a la luz de la palabra de Dios lo más destacado referente a ella.

     La santidad que el Señor espera que reflejemos está basada en Él mismo: “Sed santos porque yo soy santo” (1° Pedro 1: 16).

     Hablar de santidad, es hablar de pureza, es hablar de limpieza profunda en la vida de cada

creyente nacido de nuevo. Hablar de santidad, es hablar de la voluntad de Dios hacia su iglesia, pues su voluntad es y será siempre nuestra santificación.

     Ahora bien, ¿cómo lograr que Hebreos 12: 14 sea una realidad en nuestras vidas? ¿Cómo logramos vivir en santidad en medio de un mundo corrompido por el pecado, que siembra su maldad por todo el mundo?

 

1.- ¿Qué elevado blanco perseguirá el verdadero hijo de Dios? Romanos 12: 1, 2;    1° Tesalonicenses 5: 23

     

     El apóstol Pablo apela a las muchas misericordias que Dios ha tenido con nosotros al enviar a su

Hijo amado para morir por nosotros. En base a eso, el apóstol ruega que presentemos a Dios un:

 

  1. Sacrificio vivo. A diferencia de los sacrificios en el pueblo de Israel, hoy es nuestro cuerpo, pero con vida y por voluntad propia, con plena conciencia y no por necesidad, o por obligación, y mucho menos por interés… Es una rendición absoluta de nuestra voluntad personal…una rendición de los sueños, anhelos, decisiones, y por supuesto de toda obra de la carne. Es donde nos despojamos de todo lo que hay dentro de nuestro ser, para tomar lo que Él tiene para nosotros. Un sacrificio vivo es presentar toda nuestra vida a su servicio, con todas nuestras capacidades físicas e intelectuales para que Él nos use como él quiera.

  2. Sacrificio Santo. La palabra santo, como se mencionó en la introducción de la lección, significa: apartado para Dios. Lo que nos enseña que, al presentarnos ante su presencia, estamos reconociendo que le pertenecemos a Él, que rendimos nuestra vida Él y que aceptamos vivir bajo sus principios establecidos en su Palabra; y que decidimos someternos a su Palabra en obediencia y santificación.

  3. Sacrificio Agradable. Que todo cuánto hagamos sea solamente para agradarlo. Pero, ¿qué agrada el corazón de Dios? “Sin fe es imposible agradar a Dios”, es decir, debemos acercarnos a él con la convicción de quién es para nosotros.
    ¿Le complacerá el estilo de vida que estamos llevando? ¿Le agradará el tipo de conversación que tengo ante los demás? ¿Será mi conducta agradable ante Él?

 

NOTA

El apóstol Pablo concluye diciendo que este estilo de vida sea nuestro culto racional, o sea, que sea nuestra adoración diaria de todos los días a Dios.

Notemos la importancia que le da al apóstol a la palabra santo. Él quiere enseñar que no somos santos por nuestro aspecto físico o apariencia, sino por lo que hacemos. Y como muy bien lo ha declarado nuestro Pastor Presbítero Ernesto Torres: Un corazón donde Cristo mora; unos labios por los cuales Cristo habla; unas manos por la cuales Cristo actúa. Esto es presentar un sacrificio vivo diario a Dios.

 

2.- ¿Qué valiosa advertencia nos ofrece Jesús en medio de este tiempo que vivimos, marcado por el deseo de guardar para sí riquezas? Lucas 12: 15;   1° Timoteo 6: 9, 10

    

     Sin duda que esta advertencia es sumamente importante y no debemos descuidarnos en cuanto al

peligro que conlleva. La avaricia es la piedra de tome para muchos, que queriendo alcanzar grandes riquezas, han caído en sus garras.

     La avaricia podemos definirla como un deseo excesivo o desordenado por las cosas materiales, mayormente por de las que pertenecen a otros. Cuando el joven rico se acercó a Jesús, éste no necesita más riquezas que las que ya tenía, sino más bien, necesitaba urgentemente arrancar de su ser el amor desmedido hacia ellas. Si hubiera logrado desprenderse de ese “cáncer” que lo estaba absorbiendo, su historia hubiese sido otra.

 

NOTA

Este ejemplo nos ofrece una valiosa enseñanza. Lo que más necesitamos para vivir una vida prospera y junto al Señor, no son sueldos mejores, ni jubilaciones más rentables, ni mejores casas para vivir. Lo que en realidad necesitamos es un cambio de nuestro corazón y de nuestros pensamientos que nos permitan buscar “primeramente el Reino de Dios y sus justicia” (Mateo 6: 33), para entender que las cosas necesarias para vivir en este mundo serán “añadidas”. Es la promesa del Señor para todos sus hijos e hijas que buscan agradarlo.

El amor a las riquezas siempre ha sido un mal para la humanidad. Hogares destruidos, padres que han descubierto tardíamente que después de haber acumulado riquezas, sus hijos son extraños en el hogar y que, como consecuencia, han buscado el afecto en otras partes que nunca encontraron en ellos. Nada de lo que se haya acumulado servirá para recuperar los años perdidos. Estos son los “dolores” que el hombre se causa a si mismo por ir tras la efímera riqueza. Así lo expresó Salomón: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto…” (Eclesiastés 5: 10).

 

3.- ¿Qué es lo que no debemos nunca descuidar en estos tiempos finales? Mateo 26: 41;   Marcos 13: 35 al 37

    

     “Velad y orad” es un mensaje que hemos escuchado mucho, pero es de lo que más se carece. La necesidad de estar preparado y orando en todo tiempo (Lucas 21: 36) es debido que la “carne” es muy débil. Por eso necesitamos mantenerla en servidumbre; ella no puede gobernar nuestras acciones, sino que nuestro espíritu, animado por el Espíritu Santo, es quien debe controlarnos. Recuerde la facilidad con que los discípulos de Cristo se dormían en las horas de crisis.

     Sin la oración como parte de nuestro culto a Dios, nos coloca en una posición ventajosa para nuestro enemigo. Debemos orar para pedir sabiduría para comprender su palabra. En ella se describen de manera clara los engaños del tentador. Mantengamos firme nuestras convicciones espirituales y nuestro fundamente bíblico, pues Satanás es muy astuto con la Biblia y sabe citar e interpretar pasajes a su conveniencia con los cuales espera hacernos tropezar.

 

CONCLUSIÓN

Los peligros que nos acechan son variados y a medida que avanza el tiempo se harán cada vez más peligrosos. Bien sabe Satanás que aquellos en quienes logre que descuiden la oración y el estudio de las Escrituras estarán descubiertos y podrá vencerlos. No nos engañemos a nosotros mismos. Esto es una realidad que le ha dado grandes resultados.

Nuestra lucha es diaria y fuerte. El gran desafío es vivir en santidad en medio de un mundo que se está destruyendo así mismo. Por eso no olvidemos presentarnos al Señor cada día en un sacrificio vivo, santo y agradable y así viviremos en santidad para ver a Dios.

Corporación Iglesia Evangélica La Nueva Jerusalén de Dios - Decreto Supremo N° 1740