Lecciones Disponibles

LECCIÓN N° 06

SÁBADO 08 DE AGOSTO DE 2020

 

TEMPLOS DE DIOS

TEXTO DE INTRODUCCIÓN

                                                              

                                          

1° Corintios 6: 19

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 

 

     El mundo en que hoy vivimos está enfermo. Guerras, violencia, dolor, pestes, muertes, desastres naturales, conflictos en los hogares, entre una nación y otra, en fin, por dondequiera fijemos nuestra mirada encontramos sólo angustia y desesperación. Si analizamos todo lo malo que existe en el mundo, podemos llegar a la conclusión que una de las cosas que más golpea al ser humano es sin lugar a duda, la enfermedad. Muchos, optan por quitarse la vida en lugar de sufrir las consecuencias de su enfermedad. Pero si tan sólo el hombre comprendiera su responsabilidad que tiene ante Dios por el cuidado de su cuerpo, viviría más y mejor.

     La Biblia nos enseña que nuestro cuerpo no nos pertenece. No podemos hacer lo que queramos con él, pues no es nuestro. Es un bien que Dios nos ha dado y debemos mantenerlo en buenas condiciones tanto, física como espiritualmente. Es el Espíritu Santo quien mora en él. Somos únicamente mayordomos de nuestros cuerpos; es decir, somos como guardianes. Nuestra responsabilidad consiste en cuidar nuestros cuerpos, vigilando que nada lo dañe o lo profane.

 

1.- ¿Qué es nuestro cuerpo y a quién pertenece? 1° Corintios 6: 19, 20

   

    En el mundo actual, mucha gente considera sus cuerpos como su propiedad personal. Justifican el aborto, el uso de drogas en pequeñas cantidades, comer comida chatarra por falta de tiempo, etc.  Pero nosotros como cristianos debemos ser diferentes, pues nuestros cuerpos son santuarios del Espíritu Santo y no deben ser contaminados por la falta de dominio propio. Además, hemos sido creados por Dios por medio de Jesucristo quien es nuestro Redentor que nos compró "por precio" en la cruz del calvario.

    La mente o nuestro cerebro, forma parte de nuestro cuerpo, y es por medio de la mente que el Espíritu Santo se comunica con nosotros. Si deseamos tener comunión con Dios, debemos cuidar nuestro cuerpo y mente. Si abusamos del cuerpo, nos destruimos a nosotros mismos.

 

NOTA

El cristiano debería apreciar el cuerpo que Dios le ha dado y debe amarse a sí mismo lo suficiente como para cuidar de su cuerpo de manera apropiada a fin de poder presentarlo en servicio sagrado aceptable a Dios. (Romanos 12: 1). Esto requiere que para que el cuerpo se mantenga en óptimas condiciones de funcionamiento, se debe administrar suministrándole de manera razonable el alimento, el ejercicio, el descanso y la limpieza.

 

2.- ¿Qué nos enseña la Biblia acerca de nuestro cuerpo? Génesis 1: 26;   1° Corintios 12: 12;     Filipenses 1: 20;   Romanos 12: 1, 2

  

    La mentalidad actual del cristiano en términos generales es que Dios no se preocupa tanto por el cuerpo, sino del corazón; si el corazón está bien, no importa lo de fuera. De esta forma piensan
muchos creyentes y también incrédulos y como consecuencia, descuidan de tal forma sus cuerpos que deterioran la imagen de Dios en ellos.

    La creación de nuestro cuerpo fue una obra de arte en las manos de nuestro Creador. Fuimos creados con el propósito de honrar y glorificar a Dios (Isaías 43: 7); pero, ¿en qué estado lo tenemos?

 

NOTA

El cuidado de la salud es una parte vital de nuestra relación con Dios. Está claro que algunos aspectos de nuestra salud están más allá de nuestro alcance. Todos tenemos genes defectuosos, todos estamos expuestos a productos químicos desconocidos y otros agentes dañinos, y todos corremos el riesgo de daños físicos que perjudican nuestra salud. Dios sabe esto. Pero en la medida en que podamos, hemos de hacer lo mejor posible para mantener saludable y en buen estado nuestro cuerpo, pues está hecho a la imagen de Dios.

 

3.- ¿Qué otros aspectos del cuidado de nuestro cuerpo encontramos en la Biblia?

Génesis 1: 28, 29;  Levítico 11: 2, 3;   Romanos 14: 20;   Romanos 14: 17

  

    Los objetivos de todas las ordenanzas relacionadas con la comida en la Palabra de Dios no son, de ninguna manera, quitarnos el gusto o privarnos de la comida, sino el ejercicio del dominio propio, la templanza y el mantenimiento de la salud del cuerpo.

     En consecuencia, lo que podemos extraer con respecto a esas enseñanzas es:

  

  1. Moderación al comer y beber (lo necesario, evitar los excesos).

  2. Dios nos dio la autoridad para dominar las cosas (entre ellas la comida), no para que las cosas nos dominen.

  3. Comer y beber sano, cosas que no nos dañen la salud, y mejor si son naturales.

  4. Comer y beber de tal manera que no vayamos a ofender ni dañar la fe de nuestros hermanos.

  5. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y los recursos que utilicemos en compra excesiva de comida tampoco nos pertenecen.

  6. Vamos a dar cuentas del cuidado y mantenimiento que le dimos a nuestro cuerpo y también de los recursos que Dios nos dio para alimentarnos.

  7. El Espíritu Santo está interesado en que conservemos nuestro cuerpo sano y en buen estado.

 

4.- ¿Qué otro delicado tema aborda el Apóstol Pablo con respecto al cuidado de nuestro cuerpo? 1° Corintios 6: 18, compare con Génesis 39: 10 - 12

   

    La sexualidad, a pesar de que se realiza con el cuerpo, alcanza las profundidades espirituales de nuestro ser de una manera superior a cualquier otra cosa que se haga con el cuerpo.

    El huir del peligro nunca es un acto de cobardía, sino más bien de valentía y de un profundo sentimiento de humildad, que se basa en la enorme realidad que, somos débiles y que nuestra naturaleza pecaminosa siempre quiere pisotear la voluntad de Dios. ¿Cuántos se habrían librado sufrimientos y lágrimas si tan sólo hubiesen actuado sabiamente y se hubiesen alejado del peligro?

      La experiencia de José con la mujer de Potifar en el relato de Génesis capítulo 39 es muy apropiada para demostrar la importancia de huir de este gran mal, del cual muchos en los tiempos bíblicos fueron víctima. La reflexión que debe despertar al hombre y la mujer espiritual ante este gran peligro debe ser: ¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?

 

NOTA

La relación sexual en el matrimonio, es más que una experiencia biológica, ya que incluye e implica una comunión vital, tanto emocional como espiritual. Por lo mismo, la relación sexual genuina, auténtica, que involucra no solo el acto biológico sino el compromiso de un hombre y una mujer de ser uno física, emocional y espiritualmente, es tremendamente estimulado y bendecido por Dios.

 

CONCLUSIÓN

El apóstol Pablo nos dice en 1° Corintios 10: 31 “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Así es, este es la gran norma de vida como mayordomos de nuestro cuerpo, pues Dios lo escogió como morada de su Espíritu. Cuidemos lo que Dios nos da y procuremos mantener en buen funcionamiento esta maravillosa obra de la creación de Dios.

La mayordomía del cuerpo es una responsabilidad muy amplia y no sólo se limita a lo que comemos o bebemos, sino también, a lo que vestimos y hacemos con él. Por lo tanto, comamos, bebamos, vistámonos, adornémonos y amemos, sólo para la honra y gloria de nuestro gran Dios.

 

 

 

Corporación Iglesia Evangélica La Nueva Jerusalén de Dios - Decreto Supremo N° 1740