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LECCIÓN N° 05

SÁBADO 01 DE AGOSTO DE 2020

 

EMBAJADORES DE CRISTO

TEXTO DE INTRODUCCIÓN

                                                              

                                          

2° Corintios 5: 20
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”

     El cristiano, mayordomo del evangelio, es también un embajador de Cristo en la tierra. El puesto de embajador es el puesto más importante que puede desempeñar un oficial gubernamental estando en tierra extranjera. Dios tenía un propósito especial al calificarnos de embajadores de su reino.
    El embajador sirve al representar y declarar los sentimientos, los intereses y las políticas del gobierno que lo envió. Los embajadores de Dios deben renunciar a su identidad personal al entregarse de lleno a la tarea de representar fielmente al reino donde está su ciudadanía. Y notemos el gran mensaje primordial que debemos predicar y enseñar: “La reconciliación con Dios”.
    Descubramos por medio de esta lección la magnitud de esta obra de embajador y cómo podemos cumplirla mejor, como fieles mayordomos del evangelio.

1.- ¿Cuál es la doble misión específica que Jesús nos dio como embajadores de su reino? Mateo 28: 19, 20
 

     Dios nos ha nombrado como sus embajadores; somos encargados de promulgar su reino. Tenemos la misión divina de enseñarles a otros acerca de la salvación y de proclamar la Palabra de Dios a todas las naciones.
     Para ello, Dios ha invertido algo de mucho valor en nuestras vidas. Dios ofreció a su Hijo Jesucristo para darnos la salvación de forma gratuita. Al igual que cualquier otra inversión o talento que Dios nos ha dado, él espera que administremos fielmente la salvación. Nosotros podemos compartirla, guardarla para 
nosotros mismos, usarla egoístamente, abusar de ella y hasta arruinarla con nuestro mal testimonio. 

 

NOTA
La tarea de ir y predicar el evangelio puede ser una tarea algo difícil de cumplir. Sin embargo, la realidad es que hacer discípulos, enseñándoles a practicar todas las cosas que Jesús nos enseñó, es una tarea mucho más complicada que tan sólo presentar el evangelio del Señor. De hecho, sería imposible si no fuera por la promesa de Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Cristo dijo que nosotros debemos enseñarles a las naciones todo lo que él nos enseñó. Esto incluye el amor hacia los enemigos, la consagración a Dios en todo aspecto de la vida, el juicio venidero, la abnegación; la perpetuidad de su Santa Ley, y todo lo demás que Jesús nos enseñó.

2.- ¿Cómo relaciona usted la palabra “id” de Mateo 28: 19 con nuestra labor como embajadores?

  

    Como mayordomos del evangelio de Cristo, debemos sentir una urgencia en llevar el mensaje de la salvación a cualquier lugar donde no exista aun el mensaje de la verdad y donde no se predica el evangelio. Este sentido de urgencia debe producir convicción en nosotros y también un deseo profundo de colaborar con Dios en la extensión de su reino en la tierra. Por tanto, ¡A trabajar en la viña del Señor!
    La Biblia enseña que debemos siempre estar prestos para dar testimonio acerca de nuestra fe en Cristo. Por supuesto, nosotros debemos compartir el mensaje de salvación con las personas en nuestras propias comunidades donde vivimos. Tal vez no haya ninguna iglesia, pero nuestro hogar y aún nuestra propia vida debe ser un lugar de encuentro con el Señor, para que muchos lleguen al conocimiento de la verdad y sean salvos.

 

NOTA
Cristo dijo “Id”. Esto incluye ir primero a nuestros vecinos cercanos. Dios promete muchas bendiciones para todo aquel que sale en busca de las almas que están “enredadas” en el pecado. Observemos lo que dice el apóstol Santiago al respecto: “Si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5: 19, 20). La Biblia misma nos ofrece ejemplos maravillosos del celo misionero y de la visión de lo que significa alcanzar almas para Cristo (Romanos 9:1–3; Mateo 23: 37). Sigamos estos ejemplos.

3.- ¿Cuál es otra de nuestras responsabilidades que tenemos como mayordomos del evangelio?

1° Timoteo 4: 16

  

    Aquí tenemos algo muy importante y clave en nuestro éxito como embajadores del evangelio de Jesucristo. Es necesario asegurar nuestra propia salvación primeramente para poder salvar a otros por medio de la predicación de las buenas nuevas.
    Como embajadores necesitamos estar siempre alerta y listos para alejarnos del pecado. En otras palabras, debemos estar dispuestos en todo momento para hacer cualquier sacrificio personal con tal de mantener nuestra integridad como cristianos genuinos; dignos de la vocación a la cual Dios nos llamó; para que el precioso mensaje que llevamos no quede ridiculizado a causa de un mal testimonio que demos.
     Es sumamente malo tener un mal testimonio entre nosotros, pero es mucho más destructivo tenerlo entre los incrédulos, mientras profesamos ser hijos de Dios o cristianos. Notemos lo que Dios le dijo al rey David cuando éste pecó: “Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová…”  2° Samuel 12: 14

CONCLUSIÓN
La situación que hoy en día se está viviendo, no sólo en nuestro país, sino que, en todo el mundo, es una oportunidad valiosa que el Señor nos ha dado como miembros del reino de los cielos, en cuanto a nuestra labor de ser embajadores de Cristo y de anunciar al mundo entero que el Señor pronto viene, y que es urgente que se vuelvan a Él para alcanzar salvación y esperanza de vida eterna. 
Hoy más que nunca podemos llegar más allá de nuestras fronteras por medio de los medios de comunicación que el Señor ha provisto para cada uno. Todos debemos y podemos trabajar en esta obra maravillosa, pues sólo basta con invitar a otros a participar de los servicios y estudios bíblicos que disponemos y ya estamos aportando, no un granito de arena, sino una gran bendición a nuestra propia vida.
Por consiguiente, reflexionemos:
¿Qué tipo de embajador soy para Cristo? ¿Estoy viviendo el evangelio? ¿Soy discípulo fiel de Cristo, practicando todo lo que él manda? Tendremos que dar cuenta por nuestra mayordomía del evangelio. Pablo escribió: “¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1° Corintios 9: 16). Jesús dijo que aquellos que, como el hijo perezoso y desleal, dicen que van a hacer la obra de Dios y no la hacen, no entrarán en el reino de Dios (Mateo 21: 28 – 31). 
Ser mayordomo del evangelio es un privilegio sagrado. Si manejamos mal el mensaje del evangelio del Señor entonces acarreamos la ira de Dios. Que Dios nos ayude a ser embajadores fieles y leales, llevando el mensaje de la salvación a este mundo perdido para que muchos sean salvos antes que sea demasiado tarde.

 

 

 

 

Corporación Iglesia Evangélica La Nueva Jerusalén de Dios - Decreto Supremo N° 1740