Lecciones Disponibles

LECCIÓN N° 01

SÁBADO 04 DE JULIO DE 2020

 

LA SOBERANÍA DE DIOS

TEXTO DE INTRODUCCIÓN

                         

Isaías 46: 9, 10

“Porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”.

 

     Hablar de la soberanía de Dios es hablar de sus atributos y a la vez, es introducirnos en uno de los temas más profundos y hermosos de las Sagradas Escrituras. Ella misma nos presenta claramente que Dios es soberano, vale decir, que puede hacer lo que él desee. Dicho de otra manera, aún más clara y a la vez más profunda; su soberanía consiste en poner en práctica su divina voluntad. Pero esa voluntad no es un capricho, sino que, debido a su infinita sabiduría, siempre busca dirigir todas las cosas por el camino correcto para la manifestación de su eterna gloria. El apóstol Pablo afirma en su epístola a la iglesia de Éfeso diciendo: que Dios, “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1: 11).

     Dentro de su soberanía está presente también la verdad, de por qué él puede hacer lo que le place. Sería incorrecto decir que Dios hace todo lo que quiere por las cosas que posee, porque estaríamos limitando su poder y grandeza, pues la Biblia es muy clara en enseñarnos que Dios es el único Dueño y Hacedor de todo lo que existe.

     El Altísimo, Señor del cielo y de la tierra, tiene poder ilimitado para hacer lo que desee, debido a que es un ser absolutamente independiente. Nadie puede disuadirlo, nadie puede obstaculizarlo. En su Palabra, Dios declara: "Yo soy Dios, y no hay otro Dios; y nada hay semejante a mí. . . que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:9, 10)

 

1.- Deléitese en los escritos de David y otros más, que hablaron acerca de la grandeza de Dios como dueño de todo lo que existe.

Salmos 24: 1
1° Crónicas 29: 11
Daniel 4: 35

 

     Una de las razones principales por las cuales muchas personas no pueden ser alcanzadas por Dios es porque no reconocen que Dios es el dueño de todas las cosas. Viven sus vidas creyendo que son dueños de todo lo que tienen y piensan que no tendrán que dar cuenta a nadie de nada. Otros, se creen los dueños del mundo; viven la fantasía que por poseer poder y riquezas el mundo está bajo sus pies. Sin embargo, la verdad absoluta es que el ser humano no tiene nada. Llega a este mundo con nada y se va al descanso de la muerte sin nada. Notemos la enseñanza de Jesús en la parábola del rico insensato: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu vida; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12: 20).

     A simple vista esta realidad parece triste y ve la vida como si no tuviese sentido. Si algo fuese de nosotros en este mundo, tal vez algo nos podríamos llevar al momento de nuestra muerte. Esto nos lleva a obtener las siguientes conclusiones al respecto.

  

1. En primer lugar, por muy inteligente y capaz que sea el ser humano en inventar o construir maravillosas cosas como el tremendo avance de la tecnología, mega construcciones, lugares de ensueño, comodidades, etc., es incapaz de crear algo de la nada. Porque todo lo que ya ha hecho ha sido gracias a que siempre ha tenido la “materia prima”. Pues el atributo de “crear” consiste en “hacer que empiece a existir una cosa” y esta cualidad le pertenece solamente a Dios. Los científicos se han referido en sus teorías en lo que el hombre podría hacer si tuviese el 100% de su capacidad cerebral, pero, aun así, no podría tener el atributo que solo Dios tiene. Por ejemplo, a veces quisiéramos tener más tiempo, pero lo único que podemos hacer es, simplemente, organizarnos mejor y así obtendremos el tiempo que necesitamos. Pero con Dios es diferente, pues el tiempo es su creación y, por lo tanto, no está limitado por él, debido a que mora en la eternidad. Es debido a esto que Dios puede ver el final desde el principio, y porque nunca se sorprende por nada.

  

2. En segundo lugar, el hombre, aunque cree tenerlo, no tiene control absoluto de nada. En un sentido más estricto, no somos dueños de nada como ya se vio anteriormente. Nada de lo que tenemos es completamente nuestro, en el sentido de que podemos ser víctima de algún fraude o robo. No tenemos el poder de controlar lo que tenemos. El siervo Job sabía que aún su vida perfecta ante Dios, no era una seguridad de que nunca perdería lo que tenía. Por eso exclamó: “Jehová dio, y Jehová quitó” (Job 1: 21).

 

2.- Analice los siguientes tesoros de la Biblia y descubra los “parámetros” de la soberanía de Dios.

Números 23:19
Hebreos 6: 18
Malaquías 3: 6
Romanos 6: 23
Juan 1: 11 al 13

 

     Aunque la supremacía de Dios no tiene restricciones, sin embargo, posee ciertos parámetros, que en ninguna manera lo limitan, sino que es parte de su perfección. Por consiguiente, Dios tiene completo control sobre todas las cosas, aunque Él puede escoger permitir que ocurran ciertos acontecimientos según las leyes naturales que él mismo ha ordenado. Está en todo su derecho como Dios Creador y Sustentador.

    Consideremos las siguientes apreciaciones basadas en los pasajes citados arriba.

   

1. Dios no puede hacer nada que vaya en contra de su propio carácter; no significa que está obligado a actuar así, sino debido a que Dios es inmutable y sus palabras deben reflejar su integridad (Números 23: 19)

  

2. Dios no puede mentir (Hebreos 6: 18). En todos los casos, Dios no sólo continúa siendo veraz, sino que cumple todas las promesas que hace. Él es digno de nuestra plena confianza. Él prometió que volverá por nosotros y lo cumplirá.

    

3. Dios no puede ser tentado por el mal. No existe ningún elemento en su naturaleza que pueda ser tentado por el mal (Santiago 1: 13). Aunque Dios a menudo nos prueba, Él no tienta a nadie. (1° Corintios 10:13).

   

4. Dios no puede negarse a sí mismo ni contradecirse. Dios permanece fiel a las promesas de sus pactos (Malaquías 3: 6). Una promesa es tan verdadera como la persona que la hace. Al igual que Dios, su Palabra es inmutable. Dios no revoca lo que ha dado ni desecha a quién ha escogido (Romanos 11:29), a no ser, que no cumplamos con nuestra parte (1° Samuel 15: 26).

  

5. Dios, es un Dios que se deleita en perdonar, pero no puede perdonar el pecado mientras no haya sido confesado. Debido a que Dios es justo, no puede simplemente "hacer borrón y cuenta nueva" (Romanos 6:23).

  

6. Dios no puede forzar a nadie a amarlo ni a recibir su regalo de salvación eterna mediante Jesucristo, su Hijo Amado. Es un acto de libre albedrío del hombre (Juan 1:11–13).

 

3.- Basados en la infinita soberanía de Dios, ¿qué preguntas formula el apóstol Pablo a la iglesia de Corintio y qué significan para usted? 1° Corintios 4: 7

     Quién te distingue, es la primera pregunta que el apóstol Pablo formula en su carta. Dicha de otra manera más clara: ¿Crees que tienes alguna ventaja o privilegio? O ¿Crees que mereces algo de lo que tienes? El apóstol Pablo era alguien que entendía perfectamente la respuesta a la pregunta. Antes de Cristo, él creía que lo tenía todo, pero después de Cristo, entendió que no tenía nada, sino solamente la gracia de Cristo en su vida.

     No hay nada que podamos presentar ante Dios como verdaderamente nuestro. Todo lo que hemos logrado o alcancemos en este mundo es porque lo hemos recibido de él. Aún antes de nacer, ya fuimos bendecidos de recibir de él el crecimiento en el vientre de nuestra madre.

     Seguramente, entendemos perfectamente esto y como cristianos somos eternamente agradecidos de todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Pero, sin embargo, ¿por qué a veces actuamos egoístamente como si todo fuese de nosotros? ¿Será que le damos más valor a nuestro esfuerzo y desempeño que a la poderosa mano de Dios que nos entrega la vida, el aire que respiramos; la energía que cada día necesitamos para hacer todas nuestras labores; las capacidades para cumplir responsablemente nuestras tareas?


CONCLUSIÓN

Si entendemos que Dios es el Creador y Soberano de todo, entonces entendamos que aún el aire que respiramos no es nuestro. Desde lo más minúsculo hasta lo más grande que poseemos le pertenece al Señor, y él en su soberanía, ha decidido entregarnos en nuestras manos todas esas cosas para que nosotros vivamos con la mentalidad que nada es nuestro y que todo está bajo su control soberano. Por eso la oración modelo que nos dejó el Señor Jesús termina glorificando a su Padre y a la vez recordándonos: “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6: 13).

Corporación Iglesia Evangélica La Nueva Jerusalén de Dios - Decreto Supremo N° 1740